El analista señaló que en gobiernos anteriores, el control gubernamental no emanaba del Órgano Ejecutivo, sino de la asamblea, una oficina, una embajada, o incluso desde los Estados Unidos.
El analista expuso que el malestar en las calles se hizo presente en diversas regiones del país, con revueltas y manifestaciones que, aunque controladas en el área de la ciudad capital, hacia el este y oeste del país (incluyendo Veraguas, Coclé, y Chiriquí que demoraron más), se concentraron de forma notable en Bocas del Toro.
Lo más lamentable, según McKay, es que los más perjudicados fueron los propios bocatoreños, quienes perdieron una «cantidad grandísima» de empleo, estimadas en cinco mil o seis mil plazas.
El analista cuestionó por qué los residentes de Bocas del Toro continúan eligiendo a los mismos dirigentes y autoridades sin reclamarles por estas situaciones, surgiendo una inquietante pregunta sobre el origen del dinero que se vio en las manifestaciones.
McKay calculó que, suponiendo que un tercio de los maestros (10,000) ganen 1,000 dólares al mes, se necesitaría 1 millón de dólares, una cantidad que los sindicatos no podrían cubrir por dos o tres meses de paro, mencionando la existencia de un video de personas repartiendo billetes de 100 dólares, sugiriendo que «en Panamá van a tener ganancia de eso».
McKay intuye que el presidente de la república estaba tratando de evitar un «mártir», una situación que se vivió en el gobierno del presidente Martinelli cuando él era ministro de Seguridad.
Además, el analista explicó que el malestar en la calle no es solo un desgaste puntual, sino una combinación de factores que se arrastran desde gobiernos anteriores (los últimos dos o tres) y la gente está «harta» de la falta de trabajo, de agua, y el incumplimiento de promesas como la de baños en lugar de letrinas.
McKay lamentó la pérdida de valores fundamentales como la ética, la honestidad y la puntualidad en la sociedad panameña, señalando que ingenieros municipales aprueban proyectos de barriadas sin agua, electricidad o calles, lo que considera inaceptable y una cuestión de ética.
Para evitar una fractura más profunda entre el Ejecutivo y las calles en este segundo año de gobierno, McKay sugirió que se deben considerar ajustes en su gabinete y demostrar que se están haciendo cambios.
En definitiva, el analista concluyó destacando la importancia del capital político del Ejecutivo y la rapidez con la que la Contraloría permite que salgan las ayudas y las inversiones nacionales, señalando que este gobierno parece estar sacando las cosas «muchísimo más rápido» que el anterior, donde se demoraban dos o tres años.





