Frecuencia Informativa: Edición Vespertina, viernes 22 de Mayo de 2026.
22 mayo, 2026

En esta edición correspondiente al jueves 21 de mayo de 2026, dentro de nuestro segmento “Historias de Veraguas y más allá”, conversamos con Don Jorge Enrique Caballero, reconocido folclorista, locutor, poeta y apasionado de las crónicas antiguas de nuestra provincia.
En una amena charla, nos hizo viajar en el tiempo para revivir aquellos míticos centros de diversión en Santiago de Veraguas que definieron una era dorada de la música y la convivencia, de los cuales hoy ya no queda ninguno, salvo una honrosa excepción.
Hablamos de los inolvidables jardines que se convirtieron en el epicentro de la alegría interiorana:
• El Rancho (Avenida central, hoy día Más Móvil).
• El Jardín El Mango (Ubicado en Calle Primera, donde hoy día opera un centro educativo).
• Joroncito Mesano (En Calle Novena, espacio que actualmente ocupa Domino’s Pizza).
• El Rosalba (Ubicado en la vía Interamericana, conocido hoy bajo el nombre de El Rumbón y que es el único de la lista que todavía se mantiene en pie).
• El Lago Manantial (Situado en Alto Lajas, Canto del Llano).
Escenarios de grandes leyendas del folclor
Estos legendarios rincones de las tardes de cantadera y bailes populares fueron el escenario por donde desfilaron las voces más grandes y respetadas de nuestra tradición, entre ellas: Moyo Cisneros, Agustín Rodríguez, Toñito Vargas, Bolívar Barrios y Mina Acevedo.
Asimismo, la música cobraba vida gracias a la destreza instrumental de Melquíades Medina en el acordeón, junto a los consagrados maestros de la guitarra: Reynaldo Rodríguez, Gonzalito González y Chondo Bosques.
🎵 Una anécdota de pura bohemia: > Entre los recuerdos más valiosos sobresale una vivencia única ocurrida en el Jardín El Rancho, sitio que solía visitar el mismísimo Daniel Santos, «El Inquieto Anacovero», también conocido como ‘El Jefe’.
Este legendario cantante de renombre internacional, fiel a su indomable espíritu bohemio, se sentaba tranquilamente a tomar una cerveza y terminaba cantando de forma espontánea, para el deleite de la multitud que acudía en masa solo para presenciar su talento.
A Daniel Santos le fascinaba Panamá; visitaba el país con muchísima frecuencia no solo para presentarse en los grandes teatros de la capital, sino para recorrer el interior. El público panameño lo adoraba porque veía en él al auténtico «pueblo»; un hombre sin poses que cantaba al desamor, a la calle y a la vida nocturna.
La esencia de las cantaderas de ayer
Las tardes de cantadera de antes guardan una distancia enorme con las de la actualidad. En aquellos años, los eventos arrancaban puntualmente a las 3:00 de la tarde y tenían una mística especial: ¡no se cobraba la entrada, ni el uso de los baños, ni el derecho a una silla! Eran, en su máxima expresión, una auténtica manifestación comunitaria; un reflejo genuino de la hospitalidad y la alegría de nuestros pueblos interioranos, proyectadas siempre con profundo respeto y orgullo por nuestra identidad cultura.
Para escuchar, seleccione la Opción ‘Reproducir en Navegador