


(Santiago, Veraguas) _A pesar de que los informes preliminares de especialistas señalan que la mayoría de los daños son no estructurales y que las edificaciones responden a las normas del Reglamento Estructural de Panamá, la tranquilidad sigue estando lejos en las torres de San Antonio.
Visibles rajaduras diagonales en las fachadas de los pisos superiores continúan infundiendo un temor entre las más de mil familias del proyecto habitacional.
El principal motor de este desasosiego no es solo el recuerdo del fuerte sismo de magnitud 7.7, sino la persistencia incesante de las réplicas. Aunque la ciencia y la ingeniería avalen que el sistema de mampostería reforzada y concreto armado está diseñado para absorber energía mediante una deformación controlada, la realidad del día a día resulta desgastante: el constante reacomodo de la tierra reactiva la angustia, haciendo que el respaldo técnico pierda peso frente a la vibración del suelo.
Esta brecha entre el criterio de los expertos y la percepción de los residentes ha llevado a que muchos prefieran dormir a la intemperie, lejos de la estructura de las 34 torres.
Las evaluaciones técnicas se realizaron precisamente para brindar certeza y permitir un retorno paulatino; sin embargo, la desconfianza natural del ser humano ante la amenaza sísmica latente supera cualquier dictamen técnico provisional, priorizando la cautela extrema ante el riesgo de que una nueva réplica comprometa la integridad física.